TERAPIA DE PAREJA: ¿PARA QUE SIRVE?
Antecedentes
Uno de los problemas más comunes por los que las personas solicitan los servicios de “terapia de pareja”, son los correspondientes a experimentar problemas en su relación.
Muchas son las formas de acercarse o los motivos por los cuales una persona decide acudir y de una u otra forma están relacionados con el dolor, la incapacidad para manejar una situación, la relación con los hijos, con la familia de origen, la intrusión de una tercera persona, la propia personalidad o la de la pareja y más. Todo ello por supuesto, genera un descontrol en la vida cotidiana, materialmente podemos estar físicamente en un lugar y emocionalmente en otro.
Sin embargo, cuando las parejas dan el paso y se deciden acudir a terapia, tienen una serie de pensamientos casi siempre desviados de la realidad y que les sirven de parámetro de comparación para evaluar la efectividad y los resultados de la misma.
Las expectativas de cada uno
Muchas veces en el noviazgo las damas llegan a pensar que una vez casados, harán cambiar de hábitos y de puntos de vista a los caballeros y ellos suponen que su mujercita linda seguirá siempre igual, sin cambiar, ahora siendo esposos.
La mala noticia es que ninguna de las dos cosas sucede.
De hecho mientras más altas son las expectativas que se tiene sobre una persona, más se sufre y menos se entiende la relación en una separación.
Depositamos nuestra propia felicidad en los actos de una persona y si cumple nuestras expectativas “somos felices” pero si no las cumple “nos mete en conflicto”. Todo ello sin contar que la mayor parte de las veces somos incapaces de hacernos responsables de nuestros propios actos y de asumir las consecuencias de los mismos.
Lo más común en la primera sesión
Una de las conductas más comunes es; “culpar al otro”, esto es, al parecer ninguno de los dos tendría algún problema si el otro no existiera y el otro no tendría algún problema si no fuera culpado por la compañera. Ello resulta una paradoja.
Por lo regular las acusaciones no solo son los problemas más emergentes de ese momento, sino toda una serie de eventos acumulados desde el noviazgo, los cuales posiblemente han tratado de ser solucionados sin éxito.
Son momentos intensos, pues tienen una carga emocional contenida y en ocasiones liberada en un terreno completamente neutral: el consultorio. La tensión como dos polos de imán similares hace que desde sus asientos se rechacen y tratan de sentarse lo más alejados posible.
También es común que puedan salir los reclamos e insultos, un tanto atenuados o maquillados a los dichos en las condiciones cuando el clima es de verdadera tormenta.
Aquí la meta de cada uno de los miembros de la pareja, pareciera ser que es “el terapeuta necesita convencer a mi pareja de que está en un error” y le diga la manera más adecuada de actuar, generalmente a favor del quejoso. Cada uno vive también en una especie de universo paralelo tan sofisticado como los enunciados por la física cuántica, es decir, los acontecimientos vividos en la realidad, aún tratándose del mismo evento son vividos e interpretados de forma completamente diferente por cada uno de los miembros.
Esta diferencia es entendible por muchas razones: cada uno tiene una historia de vida propia, tenemos puntos de vista diferentes debidos a la cultura y al género de pertenencia, la educación, el ambiente, la influencia de la familia, los compañeros o amigos, la religión, la posición económica, los valores sociales de cada uno, las experiencia de vida y mas.
Ese no sería realmente el problema, más bien el meollo consiste en abrir la posibilidad de que cada uno de ellos pueda abrir su mente y considerar que existen muchas más posibilidades de solución que las consideradas por cada uno y construir a pesar del conflicto una nueva posibilidad de relación de pareja, es decir, un universo más o menos similar.
¿Para qué sirve entonces la terapia de pareja?
Tiene dos objetivos fundamentalmente:
1) tratar de construir nuevas condiciones para juntar a la pareja, o
2) ayudarles a separarse sin tanto conflicto ni dolor.
Para el primer objetivo, no importa si la relación está muy lastimada, lo importante es que ambos miembros quieran juntos dar todo de si para reconstruir la pareja, dándose una oportunidad y aprendiendo de los errores del pasado. La estrategia para construir las condiciones de regreso se hace con orientación del terapeuta (ejercicios de comunicación, hacer un trabajo de duelo si hubo experiencias anteriores de pareja, etc.) y de otras experiencias positivas de convivencia que se van probando.
En el segundo caso, cuando ya se intentó recuperar a la pareja y los intentos fueron infructuosos, se les ayuda a separarse de varias maneras. Cuando emocionalmente se separan, el dolor experimentado, puede hacer que se tomen decisiones llevadas de forma impulsiva y sin reflexión sobre las consecuencias, sobre todo cuando hay bienes e hijos de por medio.
A pesar de lo doloroso del evento, las parejas aprenden a dejar de lado el odio y el rencor, para hacerse conscientes que dejarán de ser parejas, pero no padres de sus hijos y en relación a los bienes, se les ayuda a separar la conveniencia económica de cada uno del conflicto emocional producido por la separación. En situaciones de conflicto grave, los únicos que salen ganando con ello, son los abogados, quienes por cierto dicen que son como los plátanos o bananos, “no existe ninguno derecho”. Conozco personalmente excepciones a esta regla.
El recuento de los daños
Tener diferencias con la pareja, es algo inevitable, pero; “saber conciliar”, es una alternativa que nos puede ayudar en la solución de estos.
Pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre el efecto generado hacia las personas alrededor. Los hijos de padres divorciados aumentan probabílisticamente la posibilidad de divorciarse ellos también en la edad adulta, como una manera de terminar con el conflicto de su propia pareja. Al mismo tiempo les dejamos como herencia emocional, que “lo que no se puede resolver con palabras, necesitamos utilizar, los gritos, los insultos, hasta llegar a los golpes o las demandas”.
En el recuento, entra también el reparto de los hijos y de los bienes y las estrategias para facilitarle al otro el contacto con los críos, además de los ajustes a la vida personal y social, sin el complemento de la pareja.
Llegan a ser comunes las amenazas de alguno de los miembros de la pareja, de abandonar las sesiones porque ¡no perciben un cambio en el otro!; “tu no cambias, no tiene sentido seguir acudiendo”. El reclamo puede llegar a hacerse también hacia el terapeuta de forma indirecta; “sentimos que no vamos avanzando”. Sin embargo, el cambio, es una responsabilidad, absolutamente personal: “para que el mundo cambie, necesito cambiar primero yo”.
Sugerencias para el cambio
- Lo más complejo de la terapia es el cambio personal y dejar de culpar a la otra persona.
- Los problemas no resueltos, tarde o temprano se convierten en destino.
- En situaciones extremas de separación: “mas vale un mal acuerdo que un buen pleito”.
- Cuando los padres se separan, considerar siempre que “se deja de ser pareja, pero no padre”. Es muy alto el porcentaje de padres que una vez separados, materialmente abandonan a sus hijos o la pareja les impide por todos los medios tener contacto con ellos.
- Si los problemas se nos salen de las manos, bien vale la pena consultar a los expertos, con el fin de tener diferentes alternativas de solución.
- Hacer todo lo posible por rescatar la relación, hace que en el peor de los pronósticos, si la pareja se separa, disminuye el sentimiento de culpa y permite vivir una vida solos o acompañados en una nueva relación, pero con mayor tranquilidad.
- Cuando uno solo de los miembros de la pareja tiene la duda de acudir a terapia, debido a la negativa de su pareja, ésta funciona cómo una fórmula química, en donde cambiando uno de los elementos, se empiezan a experimentar mejoras en todo el sistema, por lo tanto vale la pena intentar.
- Finalmente, en cuestiones de salud, física y emocional, generalmente tenemos una respuesta más correctiva que preventiva, por lo tanto, “no dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy”.
Atentamente: Lic. Juan Antonio Barrera Méndez
Director de Atención y Tratamiento Psicológico